Kosha, la envoltura

Os traigo una pequeña reflexión sobre el cuerpo a raíz de una sesión de fotos divertidísima que hicimos la pasada semana en uno de los centros que colaboro en Barcelona.

Según el yoga estamos formados por koshas, capas o envolturas. No somos solo nuestro cuerpo físico, sino que existen 5 envolturas: annamayakosha (el cuerpo físico, anna es semilla / comida), pranamayakosha (el cuerpo energético o de aire vital), manomayakosha (el cuerpo mental, de la mente y pensamiento), vijñanamayakosha (el cuerpo intiutivo, sutil y del discernimiento), anandamayakosha (el cuerpo espiritual o causal).

Para mi la palabra sánscrita para definir al cuerpo es ya una declaración de intenciones. Envoltura. ¿Envoltura de que?¿Qué se ha de envolver? Esto ya te hace reflexionar sobre quién somos y qué somos. Seguramente muchos conozcáis el trabajo del maestro espiritual Ramana Maharashi que nos dejó una pregunta de extraordinaria simpleza pero profundidad infinita: ¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?

El cuerpo denso (…), no soy yo; los cinco órganos sensoriales cognitivos (…), no soy yo; los cinco órganos sensoriales conativos (…), no soy yo; los cinco alientos vitales (…), no soy yo; ni siquiera la mente que piensa soy yo; tampoco la nesciencia (…), soy yo.

Si nada de esto soy yo, entonces, ¿quién soy yo?

Pero la verdad es que no se debe empezar la casa por el tejado, con lo que la práctica de yoga muchas veces empieza trabajando este cuerpo físico. Este primer kosha. El cuerpo que habitamos o que habita nuestro ser.

Ha sido mi caso. Me introduje en la práctica de yoga, por dolor físico concreto en el cuerpo y de allí descubrí un mundo que no se acaba. Nunca he sido flexible (ahora me doy cuenta que ni física ni mentalmente), no se me daba bien la gimnasia en el colegio, la mayoría de las veces aludía a alergias y resfriados para evitar ciertas clases, no había hecho nunca ni el puente, ni pino-puente, ni la rueda ni nada por el estilo. Lo mío eran las matemáticas.

Es por eso que le estoy tan agradecida al yoga. Por este descubrimiento de mi cuerpo físico. De su forma, de su vida, de su energía. El cuerpo no es un simple recipiente, es algo que se ha de amar y cuidar.

Nunca me había gustado mi cuerpo, simplemente lo usaba para transportar mi mente por el mundo, y ahora lo amo. No porque la práctica lo haya cambiado, sino porque lo AMO TAL COMO ES. La que ha cambiado soy yo, mi mente, ni pensamiento. Habito feliz en este precioso cuerpo con sus limitaciones, sus posibilidades y sus infinitas enseñanzas. El cuerpo me indica cuando parar y cuando seguir. He aprendido a escucharme empezando por lo más denso que es mi cuerpo  y de allí me voy adentrando en los otros cuerpos más sutiles.

Porque recordad, somos mucho más que un cuerpo físico. No nos quedemos solo ahí ni nos obsesionemos con la práctica física del yoga. En un escalón, un pasito para el cambio pero el cambio está dentro.

Así pues, amad a vuestro annamayakosha y empezamos!

Fotografía Sincronía Yoga - David Momblan
Fotografía Sincronía Yoga – David Momblan

Gracias a @SincroníaYoga y @DavidMomblan por las maravillosas fotografías!

 

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